sábado, 27 de julio de 2019

Lo queremos todo ya.

Lo queremos todo ya.
A la vez.
En exclusividad.
Durante todo el tiempo.
No sabemos esperar a que las cosas se desarrollen o crezcan.
Al primer inconveniente, cancelamos.
Apartamos, silenciamos, bloqueamos.
Le ponemos alarma a las relaciones para finalizarlas.
Miramos la foto y la borramos.
Haz otra.
Igual con las personas.
Las gastamos.
Como gastamos un bote de champú o una caja de galletas.
Y las sustituimos por otras que no nos conocen.
Porque así podemos seguir estafándolas con nuestro vacío.
Porque así no tenemos que comprometernos y establecer vínculos reales y profundos.
Porque así todo es nuevo siempre.
Queremos estrenar a las personas.
Para ser constantemente unos desconocidos.
Para que nadie nos pregunte quiénes somos.
Y no sepamos qué responder.
Nos comportamos como auténticos cobardes.
Esquivando la intimidad.
Para no tener que dar nunca ninguna explicación.



jueves, 11 de julio de 2019

LAS SANDALIAS DE LA VIDA


La vida es una continua partida contra nosotros mismos, en la que siempre venceremos si aprendemos de cada movimiento y evitamos el enroque.

No hay nada más bello que ser lo que somos, vivir el momento, retarse con el destino, ser felices con nuestras limitaciones y empatizar con la vida.


“Cuesta tanto llegar a ser plenamente humano
que son muy pocos los que poseen
el esclarecimiento o el valor necesarios
para pagar el precio requerido…
Para ello hay que abandonar totalmente
la búsqueda de seguridad
y asumir con los brazos abiertos el riesgo de vivir.
Hay que abrazar el mundo como un amante,
sin esperar una fácil retribución de ese amor.
Hay que aceptar el dolor
como condición de la existencia.
Hay que admitir la duda y la oscuridad
como precio del conocimiento.
Hay que tener una voluntad obstinada en el conflicto,
pero siempre dispuesta a la aceptación total
de todas las consecuencias de vivir y morir”

Las sandalias del pescador, Morris L. West



domingo, 7 de julio de 2019

Si llego.



             Dime dónde has abierto las puertas de la Tierra para que pueda al fin hallar tus huesos, y tu polvo paciente en el que consolarme de tanto tiempo escaso, de tan sobrado espacio que a lo largo, como una línea huérfana, sin madre en su comienzo, sin tierra bienhechora en su final, va discurriendo lacia. Que tu voz sosegada me valga de señal en este aire, tan frío y desolado como el viento interior que se agolpa aquí en mi pecho, y canta inquebrantable su penuria, ululando en las noches peregrinas. Si llego a tus despojos no habrá sido en vano tanto tiempo, habrá sido la historia un rumor cierto, la ciencia una esperanza, la humanidad un hito, la vida un verdadero silogismo tras el que desvelar una verdad. Si llego a tu cadáver, a tus restos coronados de flores y rocío, será un descubrimiento la mañana, se acabarán los trámites inocuos y cesará la niebla ante mis ojos poniendo fin así a un mal endémico, alojado en mi corazón. Si llego a ti, al caudal de tu presencia, al perfume lacado de tu mármol, a la breve hendidura de tu nombre, a tu silencio lleno de mensajes, se habrá sellado el círculo del tiempo, y podré darme al fuego o a la estaca, o al oro de la daga más hambrienta, seguro de que nada ha sido en vano, que ha existido el amor sobre la Tierra, un cielo en el que mueras para siempre, un alma en la que ser eternamente. Y yo podré plantarme ante el Cerbero, ansioso por saldar todos mis pecados.